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Estructura narrativa en un guion de cine

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La estructura narrativa ayuda a que el espectador o el lector del guión que estamos escribiendo aguante hasta el final. Hoy hablamos de los tres actos.

A priori, la estructura narrativa es algo sencillo. Todas las historias suelen tener un planteamiento, un desarrollo o nudo, y un desenlace.

Pero es más sencillo verlo desde fuera, que desde dentro, cuando estamos escribiendo. La estructura narrativa de los tres actos está muy relacionada con la escaleta de un guion.

En el caso del cine, la corriente más generalizada divide las películas en tres actos.

Y de eso es de lo que vamos a hablar hoy principalmente. De los tres actos, de los tipos de finales, y cómo utilizar esta estructura narrativa en la práctica.

Aquí tienes el vídeo que he publicado en nuestro canal de Youtube. Y aquí debajo, el artículo, con algunas cosas más que no aparecen en el vídeo.

Antecedentes de la estructura narrativa

Llevamos miles de años contando historias, ya sea en torno al fuego, en un anfiteatro griego, o contando cuentos a los niños antes de dormir.

Tenemos interiorizada la narrativa, y sabemos que las historias tienen que tener un planteamiento, un desarrollo y un desenlace.

Antes que guionistas, somos narradores. Es decir, contamos historias.

Y el primero del que se tiene constancia que sentó las bases teóricas de la estructura de las historias fue Aristóteles, en el siglo IV antes de Cristo.

En su tratado llamado Poética, Aristóteles recogió cuáles eran las prácticas comunes en el teatro griego. Y dio visibilidad a algunos recursos que se repetían en todas las representaciones que él conocía.

Este tratado sigue siendo la base de todas las historias que escribimos, ya sean guiones, obras de teatro o novelas.

Aristóteles llamó a estos tres actos exposición, peripecia y catástrofe.

El paradigma de Syd Field

Miles de años después surgieron los manuales de guion de cine.

Probablemente el que más se ha impuesto en cuanto a la estructura de un guion ha sido Syd Field, que llamó a estos tres actos Planteamiento, Confrontación y Resolución.

Syd Field puso a su estructura narrativa de tres actos el nombre de “Paradigma”. Y lo registró con copyright. Sí, muy hábil Syd Field. Como si hubiese inventando la rueda.

Básicamente, el paradigma es un esquema que nos ayuda a visualizar los acontecimientos más importantes que van a suceder en la historia.

La estructura de tres actos de un guion

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Paradigma de Syd Field

Si trazamos una línea temporal, una película suele dividirse en tres actos. El paso de uno a otro acto se hace a través de los puntos de giro.

El Primer Acto ocupa aproximadamente una cuarta parte de la película.

Es decir, si la película dura 2 horas, ocupará aproximadamente unos 25 o 30 minutos, que será el momento en el que se producirá el primer punto de giro.

Entonces entraremos en el Segundo Acto, que ocupa aproximadamente la mitad de la película. Es decir, aproximadamente una hora si la película dura dos horas.

El segundo acto terminará con un segundo punto de giro que nos llevará hasta el Tercer Acto, que ocupa más o menos otra cuarta parte, aunque suele ser más corto que el Primer Acto.

Vamos a ir viendo toda esta línea temporal paso a paso.

ACTO I: Planteamiento

En el Primer Acto se suele presentar al protagonista y el mundo en el que vive.

Es decir, se presenta el contexto de la historia.

Y ojo, hay que hacerlo de una forma atractiva y sin olvidar nunca que lo que motiva el interés del espectador es que exista conflicto en cada escena.

No se trata de presentar escenas aburridas. Hay que hacerlo interesante.

En estos primeros minutos vamos a descubrir la relación que hay entre el protagonista y otros personajes, y conoceremos las reglas del mundo dónde transcurre la acción.

El detonante en la estructura narrativa

En algún momento de este Primer Acto, va a suceder algo que romperá el equilibrio en el que se encuentra el protagonista.

Este suceso se suele llamar de diferentes formas: detonante, incidente incitador, desencadenante, catalizador, punto de ataque…

Lo normal es que suceda una vez que ya hemos conocido un poco al protagonista o protagonistas de la historia.

Aunque también hay historias que arrancan prácticamente con el detonante al mismo tiempo que presentan a los personajes, y nos atrapan prácticamente desde el principio.

Este suceso va a desequilibrar el mundo del protagonista, y es el que va a hacer que el protagonista tenga que afrontar ese conflicto principal.

Es decir, es el que hace arrancar la trama principal de la película.

No confundir con el Primer punto de giro

Tras ese suceso, el protagonista no tiene por qué querer afrontar su objetivo todavía.

Pero finalmente le tiene que suceder algo que hará que llegue ese momento, y le empuje a afrontar el reto que tiene por delante.

Y es entonces cuando se produce el primer punto de giro, cuando el protagonista debe tomar las riendas de la situación.

Fijaos cada vez que veáis una película, y mirad el reloj. Lo normal es que esté alrededor de la media hora, diez minutos arriba, diez minutos abajo.

Y es entonces cuando empieza de verdad la mandanga: el segundo acto.

ACTO II: El nudo

El segundo acto, que es el desarrollo o nudo de la historia, es el más difícil de escribir.

No sólo es el más largo, sino que además es el que pone a prueba al protagonista, y también la paciencia del espectador.

Porque aquí es donde está el jugo de la historia que le hemos prometido en el primer acto.

Piénsalo bien: ¿Cuántas películas has visto que empezaban muy bien y prometían ser una gran historia, pero no nos ha terminado de convencer a partir de la mitad?

En el segundo acto hay muchas cosas en juego.

Hay que conseguir mantener la tensión en todo momento y hacer que el objetivo del protagonista parezca más cerca pero más lejos al mismo tiempo…

Además, es bastante probable que incluyamos subtramas, que también tienen que ser interesantes y tienen su propio planteamiento, desarrollo y desenlace…

También en el segundo acto es donde se suele desarrollar más al antagonista.

Es decir, al personaje que impide a nuestro protagonista conseguir su objetivo…

Si es que hay un personaje, porque el antagonista puede ser una debilidad del propio protagonista, o una institución, o un ente que no vemos, o la radiación de una central nuclear, como sucede en Chernobyl…

Es decir, que aquí nos lo jugamos absolutamente todo.

Tenemos que plagar de obstáculos el camino del protagonista hacia la consecución de su objetivo.

A la vez, esos obstáculos deberían ser cada vez más grandes, pero también tienen que ir sucediendo de una forma “natural” para que el espectador no note la presencia del guionista.

Y precisamente por ser el acto más largo, muchas veces se recurre al llamado Midpoint.

EL MIDPOINT o PUNTO MEDIO

El midpoint o punto medio es un punto de inflexión en mitad del segundo acto.

En realidad, funciona casi como un punto de giro, y nos ayuda a mantener el interés.

No es que cambie el objetivo del protagonista, sino que puede darle un giro en otra dirección, impulsando el interés de la historia y la tensión, y dividiendo el segundo acto o nudo, en dos partes.

Y esto hace que muchos guionistas no estén de acuerdo con que haya tres actos, sino que piensan que puede haber cuatro o cinco, dependiendo de los puntos de giro que haya en la historia.

Pero bueno, el caso es que una vez que ya hemos pasado el midpoint, nos vamos acercando a ese final del segundo acto, es cuando llega el segundo punto de giro.

El segundo punto de giro

Que al menos para mí es el que más me cuesta identificar en muchas películas.

Es muy fácil de ver si nos fijamos en el modelo de película comercial de Hollywood que hemos visto mil veces.

Justo antes del tercer acto, el protagonista suele pensar que es incapaz de lograr su objetivo.

De hecho, prácticamente se ha rendido.

El obstáculo parece insalvable, pero de pronto sucede algo que hace que el protagonista afronte por fin el objetivo.

O puede que tenga un mentor que le haga ver que está equivocado, que sí que puede.

Es decir, lo importante es que ahí ya el protagonista se viene arriba y se dice: venga, vamos a por el segundo punto de giro y acabemos con esto.

Tercer acto: desenlace

En el tercer acto se va a producir el desenlace. A lo largo de la historia, hemos visto sufrir a nuestro protagonista para llegar hasta este preciso momento.

Durante ese segundo acto, ha tenido que superar una serie de obstáculos que probablemente le hayan hecho más fuerte, o le hayan hecho cambiar.

Y a partir de aquí ya debe ser todo tensión, porque se acerca el final y no sabemos qué le va a suceder a él y a sus aliados, que se lanzan hacia la conquista final del objetivo que han estado persiguiendo.

En algunas películas hay un anticlímax, que parece que es el final, pero luego no lo es.

Eso es una apuesta arriesgada, puesto que el público no lo suele aceptar muy bien. Pero también es una herramienta a tener en cuenta.

Hasta que llega ese momento final en el que está en juego absolutamente todo, que es el clímax.

En una película de acción es muy fácil. La batalla final entre el protagonista y el antagonista.

Pero también en la mayoría de las películas suele ser bastante fácil de identificar.

Es ese momento en el que el protagonista tiene esa escena final en la que consigue o no su objetivo.

Tipos de finales

Y una historia sólo puede acabar de tres formas: bien, mal o regular.

¿Qué quiere decir regular? Pues que por un lado puede que el protagonista consiga su objetivo, pero es probable que haya perdido a alguien importante por el camino…

O haya tenido que sacrificarse con su vida para que acabe bien…

O haya conseguido su objetivo, pero no es lo que esperaba…

Y también en algunas historias puede que con el clímax se produzca lo que Aristóteles llamó Anagnórisis.

Anagnórisis

La traducción literal de este concepto es “dejar de ignorar”, y significa que el protagonista, cuando la historia llega a su clímax, descubre algo que ha ignorado durante toda la película o la novela.

¿Ejemplos de esto? Cuando en un thriller policiaco el protagonista descubre por fin quién es el asesino.

O también cuando el protagonista descubre algo sobre sí mismo que lo cambia todo. Por ejemplo, que estaba muerto desde el principio.

Deseo y necesidad del protagonista

Y al final de la historia también están en juego que se consigan el deseo y la necesidad, que ya lo vimos en el vídeo sobre cómo crear personajes interesantes.

https://www.youtube.com/watch?v=NB4fNqJXxTQ

Es decir, puede que el protagonista no consiga lo que desea, pero sí lo que necesita.

O al revés. Puede que consiga ambas. Puede que no consiga ninguno de ellos…

Pero si os fijáis bien en el cine de las últimas décadas, probablemente la mayoría de las películas que mejor funcionan son las que tienen un final regular.

Es decir, acaban bien, porque a la gente le suelen gustar los finales felices. Pero siempre hay algo que se sacrifica por el camino.

Pero bueno, esto es cuestión de gustos. No hay película ni historia que contente a todo el mundo.

Y esa es la gracia también de contar historias.

Y tenemos que asumir que nuestras historias no tienen por qué contentar a todo el público. Esas son las reglas del juego.

Y ahora vamos a ver cómo usar esta estructura que hemos visto a la hora de escribir un largometraje.

La estructura narrativa en la práctica

¿En qué momento recurrimos a esta estructura o paradigma cuando estamos escribiendo?

Pues esto depende de cada guionista.

Hay algunos que en cuanto tienen ya una idea o storyline, directamente empiezan a diseñar la estructura antes de ponerse a escribir la escaleta.

Y hay quien prefiere ir haciendo la escaleta de una forma más natural, y luego analizan la estructura con el paradigma.

La mayoría de las veces más o menos encajará.

Porque tenemos muy interiorizada esta estructura después de haber visto tantas películas y haber consumido tantas historias a lo largo de nuestra vida.

Pero a veces este esquema nos servirá para darnos cuenta de que la historia a lo mejor no da para un largometraje, y que nos faltan conflictos para llenar al menos una hora y media.

¿Tiene un cortometraje tres actos?

La mayoría de la veces, no. Más que nada, por una cuestión de tiempo.

Esta estructura que hemos visto está pensada para mantener la atención del lector o del espectador durante un tiempo relativamente largo.

En los cortos la mayoría de las veces suele haber un solo acto, que acaba con un punto de giro, y fin de la historia.

Por eso hay muchos cortometrajes de unos 20 o 30 minutos que realmente funcionan como el primer acto de una película.

¡Pero ojo! Que no tengan tres actos no quiere decir que no tengan un planteamiento, un desarrollo y un desenlace.

Y sobre todo, no quiere decir que no haya un detonante que impulse la historia. Y que no haya conflicto.

Todas las historias lo tienen. Aunque sean cortos, necesitamos un principio, un desarrollo y un final.

Porque si no el espectador probablemente se aburrirá y se quedará insatisfecho.

Aunque debido a la duración, el formato cortometraje nos permite dejarnos llevar un poco y experimentar también con la narrativa.

Es decir, que aquí podemos dejarnos llevar un poco por nuestra intuición.

Aunque si se trata de un corto de más de 10 minutos, yo pensaría muy bien la estructura narrativa. Hay que hilar muy fino para hacer una buena historia en tan poco tiempo.

El espectador de hoy en día no tiene tanta paciencia como el de hace unas décadas. Queremos que las cosas vayan con ritmo.

Y la prueba es que la mayoría de los que han empezado a ver este vídeo, no habrán llegado hasta aquí.

¡Por cierto, si todavía estás ahí, dime al menos hola en los comentarios!

Una última reflexión sobre estructura de guion

Ha llegado el momento de desvelar por qué estaba en esa montaña al principio del vídeo.

Este fue uno de los lugares de rodaje de la película Conan el Bárbaro, escrita y dirigida por John Milius en 1982, y que fue la película que catapultó a la fama a Arnold Schwarzenegger.

John Milius fue un gran guionista y un gran narrador. De hecho, escribió el guión de Apocalypse Now con Francis Ford Coppola.

Y Conan el Bárbaro es una de las películas favoritas del que fue mi tutor en el Master de guión que estudié. Y él admira muchísimo a John Milius como guionista.

El guionista del que hablo es David Muñoz, que para el que no le conozca, fue guionista de El espinazo del diablo, la película de Guillermo del Toro.

David es un apasionado de la estructura narrativa. Analiza todas las películas que ve.

Muchas de estas reflexiones sobre estructura las comparte en su cuenta de twitter, por si queréis seguirle.

¿Y por qué os cuento todo esto? Porque esto es lo que decía John Milius sobre la estructura de tres actos y los manuales de guión:

“Esos imbéciles de la Harvard Business School dicen que tu guión tiene que tener estos personajes y estos puntos de giro. Yo nunca fui consciente de que mis guiones tuvieran actos. No sabía lo que era un arco de personaje. Todo eso es basura. Cuenta una historia”.

John Milius

¿Qué quiere decir esto? Que está bien conocer la teoría. Pero no por seguir unas instrucciones vamos a escribir una buena película.

La práctica es más importante que la teoría

Lo más importante es que tenga alma, que tenga pasión, y contar una historia interesante. No olvidéis nunca lo que dice John Milius.

Así que mi consejos es: analizad todas las películas que veáis y todas las novelas que leáis.

Intentad identificar los actos para reflexionar sobre la estructura narrativa, pero sobre todo: escribid y equivocaos.

Y escribid historias que os apasionen. Porque así es como más se aprende. Haciendo y equivocándose.

Manuales de guion de cine y estructura narrativa

Hay muchos manuales de guión que hablan de la estructura narrativa y de estos tres actos.

Es probable que hayáis oído hablar de los manuales de guion de Robert McKee, Syd Field, Linda Seger, Blake Snyder… Se han vendido como churros en las últimas décadas.

Pero precisamente por eso quiero que reflexionemos un poco antes de entrar en materia.

La mayoría de los libros de estos autores que he mencionado se empezaron a publicar a partir de 1980.

De hecho, la mayoría de los autores de estos manuales destacaron por ser analistas de guión más que como guionistas.

Y se basan en la experiencia de muchas otras historias que ya habían triunfado, para explicar lo que suele funcionar.

Cómo se aprende a escribir guiones

Entonces, ¿los guionistas de todas las maravillosas películas que se hicieron antes de 1980, cómo aprendieron a escribir guiones? Pues exactamente igual que tenemos que hacer ahora.

Escribiendo mucho, estrujándonos la cabeza para sacar el máximo partido a nuestras historias, y sobre todo conociendo y analizando otros ejemplos de narrativa cinematográfica, literaria, teatral…

Para ser guionista es recomendable leer mucho y consumir historias de todo tipo, y no sólo ver películas y series, y leer guiones y manuales de guión.

Por supuesto que estos libros ayudan, pero no son manuales de instrucciones. Ojalá fuese tan fácil.

Estos manuales de guión nos ayudan a analizar las peculiaridades de contar historias para el cine.

Y sobre todo, a intentar mantener la atención de espectador durante más de hora y media, que no es nada fácil.

Pero contar historias es algo universal y forma parte del ser humano. Así que sobre todo déjate llevar por la historia.

Ejemplos de estructura narrativa

Y como no quiero ser yo el que os haga spoilers de películas que no habéis visto, si queréis ver ejemplos de estructura, os recomiendo que leáis este libro, que analiza muchas películas conocidas por todos.


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